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Día 5 de 21

Despertar · Gratitud Conexión

Agua, tierra y pertenencia

No estoy aparte del mundo viviente ni de las personas que me rodean.

Una sesión de 15 a 25 minutos: llegar, orar, observar, actuar, examinarse.

Leer la oración La narración llegará en una versión posterior.
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Deja el teléfono a un lado o en silencio. Siéntate con la espalda recta y respira con naturalidad durante un minuto. Despierta tu atención. Este tiempo es entre tú y el Altísimo, dentro de ti. Nadie más está mirando, y nadie más puede hacer este trabajo por ti.

Altísimo, doy gracias por el agua: por la lluvia que alimenta el suelo, por los ríos que sostienen a comunidades enteras y por el agua de mi propio cuerpo. Doy gracias por la tierra que me sostiene, por el suelo que da alimento y por los árboles que dan sombra. Nada de ello lo hice yo. Pertenezco a ello.

Confieso que vivo gran parte de mi vida a espaldas del mundo vivo, detrás de pantallas y paredes, pasando deprisa bajo el cielo sin alzar la vista. He olvidado que soy parte de la creación, no quien la posee. Hoy saldré y dejaré que la tierra me recuerde lo que es real. Que permanezca en quietud el tiempo suficiente para sentir mi pequeñez de la manera justa.

El agua me enseña paciencia. Encuentra su cauce rodeando los obstáculos, persistente pero no destructiva, y se aclara después de la tormenta. La tierra me enseña que lo fuerte crece despacio, desde raíces que nadie ve. Que aprenda de ambas. Que tenga paciencia con la lenta obra del cambio, y constancia en ella.

Así que hoy me comprometo a pasar veinte minutos en el mundo vivo sin distracciones y a tener una conversación sincera que he evitado. No esperaré a sentir que ha llegado el momento. La pertenencia se renueva en quienes se hacen presentes, y hoy me haré presente.

También pertenezco a otras personas. Hay relaciones que he dejado secarse por descuido, por orgullo o por falta de tiempo. Dame la humildad de dar el primer paso. Que hable con honestidad y escuche por completo. La conexión no ocurre por casualidad. Es una decisión que se toma una y otra vez, como volver cada día a esta oración. Así sea.

Lee despacio, en voz alta si puedes. Haz una pausa donde una línea te confronte. Puedes dirigirte al Altísimo con las palabras de tu propia tradición.

Observa el agua en movimiento, aunque sea la que corre en tu casa, o, si puedes, pisa la tierra con los pies descalzos. El agua encuentra su camino con paciencia; la tierra sostiene sin quejarse. Considera tu lugar entre ellas.

La naturaleza se ofrece aquí para la atención y la reflexión. Sus significados son reflexiones, no leyes de la naturaleza.

Pasa al menos veinte minutos al aire libre sin tu teléfono. Camina, pisa la tierra y contempla el agua o el cielo. Luego ponte en contacto con una persona a la que has descuidado y habla con ella con sinceridad.

Si no puedes hacerlo tal como está escrito

Si no puedes salir, siéntate durante veinte minutos junto a una ventana abierta, o junto a una planta o un vaso de agua, sin tu teléfono.

¿Dónde me he aislado: de la naturaleza, de las personas o de la quietud interior?

Antes de que termine el día, responde con honestidad. Tú eres tu propio juez:

  • ¿Pasé veinte minutos al aire libre sin distracciones?
  • ¿Me comuniqué con la persona que tenía en mente, o lo pospuse?
  • ¿Qué llevaré conmigo a mañana?

Pertenezco a la tierra, a los demás y al Altísimo en mi interior.

Así sea.

Comparte la oración, no tu progreso. Tu práctica no es una exhibición.

Esta oración se basa en el cuadernillo original, 21 Days Mystical Prayer Booklet (legacy edition), Días 3 y 4.