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Día 4 de 21

Despertar · Gratitud Empoderamiento

El aliento y los dones interiores

Mis dones no son para enterrarlos; son para usarlos.

Una sesión de 15 a 25 minutos: llegar, orar, observar, actuar, examinarse.

Leer la oración La narración llegará en una versión posterior.
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Deja el teléfono a un lado o en silencio. Siéntate con la espalda recta y respira con naturalidad durante un minuto. Despierta tu atención. Este tiempo es entre tú y el Altísimo, dentro de ti. Nadie más está mirando, y nadie más puede hacer este trabajo por ti.

Altísimo, doy gracias por el aire que entra en mis pulmones, un don que recibo sin tener que ganarlo. Es invisible, y sin embargo no puedo vivir un minuto sin él. Me recuerda que no toda fuente de fuerza puede verse, comprarse o poseerse.

La respiración es la primera disciplina. Cuando suba la ira, cuando el miedo me oprima el pecho, cuando esté a punto de hablar demasiado rápido, que vuelva a mi respiración antes de volver al mundo. Diez respiraciones lentas pueden separar a la persona que soy en un momento de reacción de la persona que elijo llegar a ser. Enséñame a hacerlas.

Doy gracias también por las capacidades puestas en mí: las habilidades que he practicado, el entendimiento que he adquirido y el potencial que aún no he desarrollado. No pido convertirme en otra persona. Pido hacerme responsable de quien soy. Demasiadas veces he enterrado mis dones por miedo al fracaso o por la comodidad de no hacer nada. Eso no es humildad. Es descuido.

Así que hoy me comprometo a tres pausas de diez respiraciones lentas y a un acto de ayuda que ponga en uso un don que he descuidado. No anunciaré lo que haga. El único testigo que necesito es mi propia conciencia, y la presencia del Altísimo en ella.

Muéstrame dónde mis fuerzas pueden aliviar la carga de otra persona, y que las use sin necesidad de que nadie me vea. Un don usado en secreto fortalece el carácter. Un don usado para recibir aplausos solo alimenta el orgullo. Que mi respiración me serene y mis dones sirvan, y que ambos me acerquen más a Ti en mi interior. Así sea.

Lee despacio, en voz alta si puedes. Haz una pausa donde una línea te confronte. Puedes dirigirte al Altísimo con las palabras de tu propia tradición.

Siente el aire al inspirar y al espirar. No puedes verlo, y sin embargo dependes de él por completo. Reflexiona sobre las fuerzas invisibles que hay en ti.

La naturaleza se ofrece aquí para la atención y la reflexión. Sus significados son reflexiones, no leyes de la naturaleza.

Hoy, tres veces, detente y haz diez respiraciones lentas antes de hablar o de actuar. Luego usa una de tus capacidades para ayudar a alguien, sin anunciarlo.

¿Qué don mío he descuidado por miedo, por comodidad o por pereza?

Antes de que termine el día, responde con honestidad. Tú eres tu propio juez:

  • ¿Hice mis tres pausas de diez respiraciones?
  • ¿Usé un don para ayudar a alguien, y lo guardé para mí?
  • ¿Qué llevaré conmigo a mañana?

Cada respiración es una nueva oportunidad de elegir bien.

Así sea.

Comparte la oración, no tu progreso. Tu práctica no es una exhibición.

Esta oración se basa en el cuadernillo original, 21 Days Mystical Prayer Booklet (legacy edition), Días 2 y 9.